La temporada del hartazgo: la búsqueda por tener a un villano

Después de semanas repletas de polémicas absurdas, declaraciones lamentables y una larga espera, la temporada de premios por fin terminó.



El año pasado se vivió una de las conversaciones online más desesperantes de los últimos tiempos ya que mientras gran parte de los latinoamericanos argumentamos por qué Emilia Pérez era una enorme falta de respeto para México; los miembros de las diferentes organizaciones de críticos y miembros de la industria cinematográfica, parecían comprender todo lo contrario.


El auge de esta conversación llegó cuando se descubrieron tweets racistas, xenófobos, capacitistas y soberbios de Karla Sofía Gascón, protagonista de la cinta antes mencionada. Esta polémica arruinó cualquier posibilidad del largometraje de Jacques Audiard de obtener el máximo laurel.


No obstante, esa polémica de la española no fue la única, sino que con cada día que transcurría, más controversias se destaparon. Entonces llegó el punto donde toda la comunidad apasionada por el cine aborrecía la película; había una villana en la temporada y el objetivo era que no ganara ni un premio.


Lamentablemente, esa aberración francesa obtuvo dos premios Oscar: mejor actriz de reparto para Zoe Saldaña y mejor canción original con el despropósito de El Mal. Parecía que la conversación ahí había terminado, pero tal parece ser que no.


Para la temporada de premios de este año, el panorama pintaba al de un periodo regular, con sus pequeñas sorpresas pero ninguna película llegaría al nivel de Emilia Pérez, y si bien no fue a tal nivel, pareciera que la obsesión por villanizar a una celebridad o película apenas empezaba. 


A continuación abordaré algunas de las principales razones por las cuales esta temporada de premios se tornó en un concurso por ver quién tenía la peor conversación, lo cual condujo al inevitable hartazgo de miles, incluyéndome.


Izquierda: Paul Thomas Anderson en los Gotham Awards en diciembre. Derecha: Jacob Elordi en los Critics' Choice Awards en Enero.

La larga espera para el premio Oscar


Si consideramos la entrega de los Gotham Awards como el inicio de este periodo, estaríamos hablando de una espera de más de cien días para llegar hasta la ceremonia del premio de la Academia. Ahora bien, si solo se toma en cuenta a los Critics’ Choice Awards, la espera se reduce a setenta días, lo cual sigue siendo una cantidad considerable para estar agotado de esta era.


Otro factor clave a considerar, es que no solo es que las ceremonias tarden tanto, sino que se considera a las mismas películas desde meses atrás, por ejemplo, tras el Festival Internacional de Cine de Venecia o desde el Festival de Cine de Cannes.


Desde mayo se hacen listas de predicciones que para el final del año resultan en burlas por lo ilógico que para ese punto se escuchan. Si sale un blockbuster también se incluye en la conversación y de ahí se generan otras conversaciones.


Una vez que los festivales de otoño arrancan, la carrera por la estatuilla dorada se torna en una de otro color, ya que algunas propuestas pueden perder el rumbo -tal como Rental Family o The Smashing Machine tras TIFF 2025-, mientras que algunas otras pueden tomar impulso, como If I Had Legs, I’d Kick You o The Secret Agent.


Antes de la pandemia de COVID-19, la ceremonia del Premio de la Academia se celebraba durante el mes de febrero o la primera semana de Marzo. Por lo que, las ceremonias de los precursores se llevaban a cabo durante enero y primera parte de febrero.


Para 2021, la celebración del Oscar se programó para el 25 de abril; en 2022, sería el 27 de marzo, casi un mes menos; para 2023, llegaríamos al 12 de marzo y en 2024, sería el 10 de ese mes, el año pasado, se recorrió a una semana antes para el 2 de marzo.


Considero firmemente que la ceremonia debería volver a febrero, máximo a mitad de mes, ya que de lo contrario surgen polémicas como las que presentaré a continuación y que terminan por desgastar a los fanáticos y a la propia industria.


Izquierda: Sean Penn en One Battle After Another. Derecha: Timothée Chalamet.

Las controversias de la temporada


Como bien lo mencioné con anterioridad, el año pasado nos enfrentamos a la abominación cinematográfica de Emilia Pérez. Durante este 2026, el panorama se inclinó a campañas de desprestigio y declaraciones lamentables.


Es de conocimiento público que mientras las premiaciones se llevan a cabo, los estudios y los representantes de cada uno de sus clientes gestionan artículos o notas que buscan dañar la imagen pública de los nominados, y este año pareciera ser que se lucieron.


Iniciando con la campaña del tres veces perdedor del Oscar, Timothée Chalamet, quien se encargó de generar una nueva identidad enfocada en el male gaze y en enaltecerse de tal forma, que terminó por mostrarse como ególatra, soberbio y desesperado.


A su vez, las constantes declaraciones de este personaje acerca de su gran carrera llevó a que se cuestionara si en realidad tiene rango o solo repite el mismo tipo de actuación pero con pequeñas modificaciones. 


Ni que decir acerca de su opinión sobre el ballet y la ópera, dos artes clásicas que son la base para la actuación contemporánea. No solo quedó como un arrogante, sino como un inculto.


Otras controversias de Chalamet fueron: celebrar un festival con las cintas más relevantes de su carrera dejando fuera a dos de sus pioneras como Lady Bird o Little Women pero sí incluyendo Interstellar donde aparece menos de cinco minutos, el disgusto de Kirsten Dunst por la omisión de Jesse Plemons, su esposo, pero si nominar al protagonista de Marty Supreme, la extensión del método de actuación hasta para las entrevistas, y la publicación de una canción de rap, la cual no es buena.


Lo anterior sirve como el precedente de lo que una campaña para un Oscar no debe de ser, ya que terminó en que la opinión pública lo considerara como insufrible. Aparte de esto, la reavivación de la polémica de Josh Safdie en el set de Good Time, donde permitió que una menor de edad filmará una escena íntima con un sujeto recién liberado de prisión; le pasó factura a la campaña de la película.


Por otro lado, a algunos sorprendió el silencio del cast entero de One Battle After Another ante el contexto global sobre la migración y que esto, se relacionaba con la temática de su cinta. Inclusive, Paul Thomas Anderson mencionó que no era político como para mencionar algunos de estos temas, una lástima. 


Continuando con esta película, algunas personas creían que la industria no premiará a Sean Penn -recordemos que ha sido blanco de varias controversias políticas como su vínculo con personajes problemáticos como El Chapo y Hugo Chávez, al igual que agresiones a periodistas y a exparejas –, pero si algo se sabe de la industria es que, esta clase de acusaciones y hechos suelen no importarles en lo mínimo.


Igualmente parecía que Film Twitter tenía un asunto pendiente con Chloé Zhao, por lo que Hamnet fue extremadamente criticada, empezando con lo del supuesto encuadre hasta decir que la película manipula al espectador. 


Por otro lado, Warner supo jugar sus cartas con Sinners, ya que las controversias de esta cinta se enfocaron a sí merecía las dieciséis nominaciones o era una completa exageración, pero se dejó a un lado que Michael B. Jordan declaró que apoyaba a Jonathan Majors, un sujeto acusado de maltrato en contra de su exesposa. 


Cada semana parecía ser la oportunidad perfecta para escribir el peor comentario que leerías. Si no era un actor, era la guerra de fanáticos que buscaban la manera de exhibir al contrincante y salvaguardar a su favorito.


Izquierda: Michael B. Jordan en Sinners. Derecha: Timothée Chalamet en la alfombra roja del Oscar 2026.


El ragebait 


Esta táctica es propia de la era digital de la humanidad y hace referencia a manipular al lector de tal forma que provoque interacción con una publicación; suele causar la defensa de un tema o persona.


Resulta increíble que las personas que usan esto no busquen otra forma de fomentar la conversación analítica sobre cualquier tema. Para mí, leer tweets o post donde se juegue con esto me provoca aburrimiento y cansancio.


Tal vez el error radica en esperar una conversación nutritiva y de valor, en espacios donde la gente prefiere el contenido barato a debatir con argumentos reales y palpables acerca de la calidad técnica y artística del cine.


Se puede contraargumentar que cada quien tiene su opinión puesto que somos sujetos, pero el ragebait solo entorpece a una sociedad que solo defiende a sus favoritos sin cuestionar más.


Por consecuencia sé que esto no cambiaría, al final es la forma más rápida de crecer en redes sociales y de provocar una reacción en cadena que termina con fandoms enteros ocasionando una revolución por un tema que no daba para eso.


Izquierda: Jessie Buckley en Hamnet. Derecha: Autumn Durald Arkapaw con su premio Oscar a la mejor fotografía por Sinners.


La calidad de las nominadas y de los ganadores


En mejor película en el Oscar se seleccionan diez cintas que en teoría representan lo mejor del año, pero en el fondo es de conocimiento público que esto cumple con agendas, narrativas y con vínculos dentro de la industria.


Tal cual lo mencioné anteriormente, las campañas son la pieza clave para que el talento sea impulsado. Durante los últimos meses del año, los estudios invierten cantidades multimillonarias para que su apuesta lidere la carrera; no escatiman en gastos.


Si bien se producen y estrenan una gran cantidad de películas, con las gigantescas campañas de publicidad, la competencia pareciera que se reduce a las mismas diez o máximo doce cintas en las que se dividirán las nominaciones, dejando sin lugar a otras propuestas -en ocasiones más interesantes-.


Este año las diez de mejor película obtuvieron otras nominaciones en actuaciones o apartado técnico, dando como resultado que de un total de ciento cinco lugares disponibles en veinte de las veinticuatro categorías, las mismas cintas ocuparon ochenta lugares o lo equivalente a un 76% del total.


Lo anterior solo ocasiona un nivel de fatiga mayor para el espectador; no hay competencia en otras categorías, ya que parece que la Academia solo ve las diez nominadas de mejor película y eso ya es mucho decir.


Ahora bien, los ganadores de esta edición se pueden debatir hasta el cansancio, ya que en algunas categorías claramente no ganó el mejor, pero no hay de otra; triunfa el que mejor campaña tenga, no el que mejor haya hecho su trabajo.


A nivel personal, considero que el triunfo de Amy Madigan y Michael B. Jordan representa una exageración, ambos dieron buenas actuaciones, sin embargo, no eran los más destacados de sus rubros, pero una vez más, la narrativa y la campaña detrás fue la que sobresalió. 


Aunque una ganadora de suma relevancia para la historia fue Autumn Durald Arkapaw, la primera mujer en obtener el Oscar de mejor fotografía. En su discurso de aceptación reconoció la gran labor de las mujeres ya que sin cada una de ellas, su triunfo no habría sido posible.


Al fin terminó esta temporada de premios que parecía eterna. Hoy por fin estamos ante un nuevo panorama y ante los que ya buscan predecir la siguiente entrega del Oscar, pero para eso todavía queda el resto del año para recorrer.


Me gustaría decir que espero que las polémicas insoportables no se repitan, pero la búsqueda por villanizar a una cinta, actor o director seguirá; la catástrofe de Emilia Pérez sentó un precedente para atacar a un objetivo en común y alzarse victorioso cuando pierde.


Por lo mientras tendremos los grandes blockbusters del verano y con ello, el tan anhelado estreno de La Odisea.

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